Con el paso de los meses se suman muchas y variadas situaciones que invitan a los niños y a las niñas a leer y  escribir a partir de hechos cotidianos, en algunas ocasiones ayudan a sus familias a apuntar listas de compras, en otras a reconocer los nombres de los productos, o a seguir instructivos para desarrollar los pasos de una receta, ojeando los ingredientes o midiendo cantidades.
También hay oportunidades en las que aprenden las instrucciones de los juegos, arman objetos de su interés o comparten y colaboran en construcciones con otros.
La actividad se propuso para compartir con las familias, así fue que una tarde los libros volvieron a las casas y juntos compartieron los pasos, que en ellos estaban escritos, para el armado de un barrilete, lo primero fue conseguir las varillas de madera o de caña uniendo los extremos con un hilo, a partir de allí toda la creatividad en color, forma y decorado.

Y llegó el día…los barriletes llegaron a la escuela, coloridos, atractivos, en una mañana donde la alegría y ansiedad de los más pequeños de la primaria invitaba a comenzar la tan deseada travesía. Allí se pudo ver todo lo logrado entra la escuela y la familia, barriletes de todos los matices y diseños personales, ocupaban el patio del Jrimian.

El entusiasmo de los alumnos y de las alumnas se hizo sentir cuando algunos de los barriletes aún no podían cobrar altura y se los oía decir –Seño este barrilete está fallado, no vuela. También surgían otros comentarios relacionados con los “enredos de hilos y largas colas, con moños algunas, lisas otras”, que el viento con fuerza empujaba de un lugar a otro. Por momentos parecía que estuvieran a la deriva zigzagueando de izquierda a derecha hasta que de pronto las pequeñas manos volvían a traer a su lugar el ovillo de hilo que sostenía el barrilete para que finalmente comenzara a perder altura hasta caer suave al suelo desde donde, con fuerza, una y otra vez iniciaban la carrera barrilete en mano.

Esta experiencia fue muy grata para los niños, las niñas y las docentes, porque permitió compartir no solo una actividad, sino también la genuina alegría de cada uno y cada una donde lo individual se convirtió en grupal, al coincidir en la emoción de alzar todos los barriletes al cielo en feliz vuelo.