El juego no es una actividad como cualquier otra. Es tan mágica como un ritual, ata y desata energías, oculta y revela identidades.

Se juega recortando un espacio en el mapa del mundo y metiéndose adentro. El espacio ordinario desaparece y se asoma el campo de juego o el tablero, da lo mismo.

Y algo de eso sucedió una mañana. El patio cubierto de la escuela se transformó en un gran tablero y los equipos se tiñeron de distintos colores. Era tiempo de jugar… los jóvenes de UJA, acompañados por los adolescentes de Badanegán Miutiún filiales V. Alsina invitaron a esta conversión mágica.

En medio de la rutina de clases, esa mañana los más chicos del Secundario fueron invitados a jugar al Carrera de mentes, una actividad creada por nuestros jóvenes donde la Historia y la Geografía mundial, armenia y argentina, la Matemática, la Literatura, la Biología, la Química y la Física, el Armenio y el Inglés y la actualidad general se despeinan un poco y aparecen en forma de preguntas cuyas respuestas las tienen que pensar los jugadores en equipos. Menudo trabajo: pensar en grupo, llegar a un acuerdo y dar la respuesta para sumar puntos. Difícil tarea: respetar las reglas de juego, ser buenos ganadores y buenos perdedores. Sin trampas, sin enojos, concentrados, dependiendo todos de todos para construir una respuesta. De eso se trata, de jugar y de aprender.

La propuesta de juego no tenía pantallas táctiles ni entornos virtuales. Simple y sencillamente era un tablero y un dado gigante, camisetas de colores y un trofeo devenido en bolsa de caramelos para compartir. No era necesario nada más. La diversión estaba garantizada. Porque jugar grupalmente  en sí mismo construye puentes y disipa problemas.

Fue una mañana donde lo diferente fue la estrategia pero el resultado, el mismo de todos los días: aprender con otros.