A propósito de una entrevista, el pedagogo argentino Gabriel Brener se refería a una frase de María Zambrano: “No tener maestro es no tener a quién preguntar y más hondamente todavía, no tener ante quién preguntarse”.

Y en un atreverse a más, podría plantearse lo mismo en relación al encuentro entre estudiantes y docentes como una forma mutua de circulación de las preguntas que abren ventanas y puertas a nuevos aprendizajes conjuntos e individuales.

La convivencia entre docentes y alumnos despliega, alimenta, promueve, siembra y cosecha. Estimula la construcción de aprendizajes a través de la puesta en marcha de saberes necesarios. Seguramente y en la mayoría de los casos, asimétricos, como la relación misma. Pero el encuentro diario permite el crecimiento de cada uno en su rol.

El acercamiento es parte necesaria y fundamental para que el aprender se desarrolle.

Si lo cotidiano es grupal, colectivo, mancomunado, cuanto mejor. El intento diario de esta forma de Educación rinde sus frutos.

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