Cuando la tranquilidad reina por los pasillos porque la ebullición está dentro de las aulas, un observador atento puede permitirse recorrerlos y encontrar rincones interesantes: que son cotidianos, que son vistos por nuestros jóvenes y sus docentes a diario, que los hacen ellos como resultado (o como proceso) de sus aprendizajes.
Y es entonces cuando se va descubriendo cuán habitados están esos “no lugares”:
– Un hermoso “Ararat” pintado por las manos de una docente del equipo nos recibe todos los días en la escalera.
– Los costados de las puertas invitan a saber sobre las personas o a juguetear con palabras en armenio para continuar informalmente aprendiendo.
– La historia, del mundo, y de nuestros mundos, en una línea de tiempo en la pared, fruto de la investigación de alumnos y sus docentes.
– Seguir el recorrido es sorprenderse con paisajes y costumbres de Armenia bellamente retratadas.
– Nuestro primer muro interior pintado, con “La ola”, una adaptación artística que alumnos de promociones anteriores definieron instalar con su docente de Arte.
– Información importante para cada uno, para aprender a mirar y a estar actualizados.
Y otro Ararat, uno que con gran dedicación pintó una alumna espera, sólo un poco más, para reinar en algún otro rincón que va a ser descubierto por los casi doscientos alumnos que circulan por los pasillos cada día.
Todos los detalles de cada espacio promueven un ambiente confortable, agradable y donde mirar las paredes es una pausa de la formalidad, pero para seguir aprendiendo.

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